domingo, 30 de agosto de 2015
sábado, 29 de agosto de 2015
La grieta
Siempre fui de esas niñas enamoradizas. El amor para mí era un sentimiento tan mágico, porque a veces hasta sentía que podía tocar el limite del cielo con mis pequeñas manos.
La primera vez que sentí mariposas en el corazón fue a los 8 años. Quizás para muchos eso es imposible ¿Qué iba a saber una niña del amor a tan corta edad? pero les contaré todo lo que sentí y díganme si eso no era amor.
Él era fantástico. Y no lo digo porque estaba enamorada, no. Él era la clase de chico juguetón, que jugaba con tu corazón como una pelota de pin pon , pero si decidías jugar, ya sabias como terminaba el juego. Yo era la clase de niña que no le gustaba mostrar sentimientos y parte de su juego era rendirte a sus pies. No niego que moría por hacerlo, pero el orgullo siempre fue mi punto débil.
Era conocida por ser la reina del hielo - y era tan irónico que tuviera esa clase de fama a tan corta edad- y si, lo era. Nadie jamas había escuchado que a mi me gustaba un chico, era una niña pero no tonta. Sabia que ni bien soltara algún nombre, mis palabras volarían como el viento por toda la sociedad de los infantes. Y alguien como yo, que no le gusta mostrar sus sentimientos, eso seria vivir el infierno en carne propia.
Pero todo hielo tiene su grieta y él era la mía. Nunca supe como fue que todo sucedió, lo único que sé es que termine confesandole mis sentimientos por él. Y si, la reina del hielo empezó a jugar con el rey del fuego.
No sé como explicarlo pero su juego no era como él solía jugar realmente. No era su novia ni su amiga, simplemente lo eramos todo. Cuando nos mirábamos, se sentía como si el tiempo se hubiera detenido, como si todo a nuestro alrededor se hubiera evaporado. Pasábamos todo el tiempo posible juntos, haciendo cosas típicas que hacen los niños a nuestra edad. Pero mis momentos favoritos siempre fueron cuando encendíamos la radio y cantábamos a todo pulmón los hits del momento. Me sentía como si fuéramos infinitos.
Pero no, todo juego tiene que terminar. No niego que fui feliz cuando yo era su jugadora favorita y sé que podríamos haber seguido jugando. Pero nos dio miedo, me dio miedo. Porque se suponía que él era fuego y yo hielo, él un huracán y yo apenas un rocío por la mañana. Y por más que se diga que los apuestos se atraen, a veces la atracción no basta para mantener juntos a dos polos tan apuestos. No nos queríamos separar pero habían otras niñas que querían jugar también. Y eso nos fue alejándonos y llego a alejarnos, tanto que terminamos por ser unos completos extraños.
A veces querer no es suficiente, a veces los otros llegan a ser mas fuertes que dos corazones deseándose querer. Solía pensar que el amor te volvía indestructible pero a veces, a veces los demás te destruyen hasta el alma y te dejan sin ganas, sin ganas hasta de ni amar a nadie más.
La primera vez que sentí mariposas en el corazón fue a los 8 años. Quizás para muchos eso es imposible ¿Qué iba a saber una niña del amor a tan corta edad? pero les contaré todo lo que sentí y díganme si eso no era amor.
Él era fantástico. Y no lo digo porque estaba enamorada, no. Él era la clase de chico juguetón, que jugaba con tu corazón como una pelota de pin pon , pero si decidías jugar, ya sabias como terminaba el juego. Yo era la clase de niña que no le gustaba mostrar sentimientos y parte de su juego era rendirte a sus pies. No niego que moría por hacerlo, pero el orgullo siempre fue mi punto débil.
Era conocida por ser la reina del hielo - y era tan irónico que tuviera esa clase de fama a tan corta edad- y si, lo era. Nadie jamas había escuchado que a mi me gustaba un chico, era una niña pero no tonta. Sabia que ni bien soltara algún nombre, mis palabras volarían como el viento por toda la sociedad de los infantes. Y alguien como yo, que no le gusta mostrar sus sentimientos, eso seria vivir el infierno en carne propia.
Pero todo hielo tiene su grieta y él era la mía. Nunca supe como fue que todo sucedió, lo único que sé es que termine confesandole mis sentimientos por él. Y si, la reina del hielo empezó a jugar con el rey del fuego.
No sé como explicarlo pero su juego no era como él solía jugar realmente. No era su novia ni su amiga, simplemente lo eramos todo. Cuando nos mirábamos, se sentía como si el tiempo se hubiera detenido, como si todo a nuestro alrededor se hubiera evaporado. Pasábamos todo el tiempo posible juntos, haciendo cosas típicas que hacen los niños a nuestra edad. Pero mis momentos favoritos siempre fueron cuando encendíamos la radio y cantábamos a todo pulmón los hits del momento. Me sentía como si fuéramos infinitos.
Pero no, todo juego tiene que terminar. No niego que fui feliz cuando yo era su jugadora favorita y sé que podríamos haber seguido jugando. Pero nos dio miedo, me dio miedo. Porque se suponía que él era fuego y yo hielo, él un huracán y yo apenas un rocío por la mañana. Y por más que se diga que los apuestos se atraen, a veces la atracción no basta para mantener juntos a dos polos tan apuestos. No nos queríamos separar pero habían otras niñas que querían jugar también. Y eso nos fue alejándonos y llego a alejarnos, tanto que terminamos por ser unos completos extraños.
A veces querer no es suficiente, a veces los otros llegan a ser mas fuertes que dos corazones deseándose querer. Solía pensar que el amor te volvía indestructible pero a veces, a veces los demás te destruyen hasta el alma y te dejan sin ganas, sin ganas hasta de ni amar a nadie más.
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